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Tunguska
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LA EXPLOSIÓN DE TUNGUSKA

 

¿Qué ocurrió en Tunguska?

Estimado profesor: Le agradezco el documento sobre el Área 51, está interesantísimo. Ahora le quiero preguntar acerca de este misterioso suceso que paso hace muchos años:

 

El 30 de junio de 1908 una enorme bola de fuego surcó el cielo del amanecer sobre Siberia, para luego estallar a una altura de 8000 m sobre el valle rocoso del río Tunguska con el poder equivalente a la de una bomba nuclear de doce megatones y medio. El calor incineró rebaños de ciervos, carbonizó millares de árboles a lo largo de decenas de hectáreas y a 1600 kilómetros de distancia. Según una teoría popular, la explosión de Tunguska fue en realidad una ráfaga nuclear causada por el incendio de una nave espacial atómica. Pero otra importante teoría afirma que el objeto de Tunguska era la cabeza de un pequeño cometa.

 

La gran bola de fuego siberiana de 1908 fue un acontecimiento tan excepcional que suscitó una controversia que todavía prosigue. Las explicaciones al respecto entran en el reino de lo extraño, incluida la notable hipótesis según la cual el fenómeno fue causado nada menos que por un aterrizaje de emergencia de una nave espacial movida por energía nuclear, tal vez de origen extraterrestre [1].

 

La zona en la que cayó el objeto, en el valle del río Tunguska Pedregoso, estaba escasamente poblada por los tunguses, pueblo nómada de origen mongol dedicado al pastoreo de renos. Cerca del centro de la explosión, al norte de Vanavara, varios tunguses fueron lanzados al aire por la explosión, y sus tiendas fueron arrebatadas por un viento violentísimo. A su alrededor, el bosque empezó a arder.

 

Cuando los asombrados tunguses inspeccionaron cautelosamente el lugar de la explosión, encontraron escenas de terrible devastación. En un circulo de 30 kilómetros, los árboles habían sido derribados como cerillas de madera y el calor intenso producido por la explosión había fundido objetos metálicos, destruido almacenes y reducido varios renos a cenizas. No quedaba en aquella zona ningún animal vivo, pero, milagrosamente, ningún ser humano murió a consecuencias del desastre. Se dijo también que había caído en aquellos lugares una misteriosa "lluvia negra".

 

Los efectos de la explosión de Tunguska fueron vistos y sentidos en un radio de más de mil kilómetros. Informes procedentes del distrito de Kansk, a 600 kilómetros del punto en que se produjo el estallido, describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda expansiva, mientras las casas temblaban y los objetos de loza se rompían en sus estantes.

 

El conductor del Transiberiano detuvo su tren temiendo un descarrilamiento, al notar que vibraban los vagones y los rieles.

 

Otros efectos fueron percibidos en lugares muy distantes del globo. En toda Europa se registraron ondas sísmicas parecidas a las de un terremoto, así como diversos trastornos en el campo magnético terrestre. Más tarde, los meteorólogos hallaron en los registros de sus microbarógrafos que las ondas atmosféricas producidas por la detonación habían dado dos veces la vuelta a la Tierra.

 

En gran parte de Europa y Asia occidental la noche quedó extrañamente iluminada después de la caída de la bola. Informes procedentes de estos lugares hablan de noches cien veces más luminosas de lo normal, y de unas tonalidades carmesíes en el cielo, semejantes al resplandor de un incendio, hacia el norte. Estas extrañas luces no titilaban ni formaban arcos, como ocurre con las auroras boreales; eran semejantes a las que se produjeron tras la explosión del volcán Krakatoa, que inyectó inmensas nubes de polvo en la atmósfera.

 

EL COMETA

La explicación del acontecimiento siberiano del año 1908 mediante un choque entre un cometa y la Tierra resulta hoy, para la mayoría de los investigadores, la más plausible: dicha colisión puede explicar el fenómeno sin necesidad de recurrir a hipótesis más extrañas y fantásticas.

Contra la hipótesis del cometa se ha afirmado que un astro de este tipo difícilmente habría pasado inobservado por los astrónomos en los días, o mejor dicho, en las noches anteriores al choque; pero de la trayectoria de caída parece deducirse que el cometa procedía de una dirección muy próxima a la del Sol, por lo tanto sería difícil de ver antes de la colisión. Sobre todo si este cometa, como algunos sostienen, había agotado la reserva de substancias fácilmente volátiles, reduciéndose a un agregado inerte, sin cabellera ni cola, elementos que hacen vistosos a estos astros, presentándose, por tanto, como un minúsculo asteroide.

 

Si se comparan los sismogramas del fenómeno Tunguska con los de explosiones nucleares aéreas se ve que los efectos sismológicos estarían de acuerdo con una explosión de una potencia de 12 megatones a 8 Km. de altura. Según una hipótesis formulada en los años 30 por el astrónomo I. Astapovich y el meteorólogo F.J. Whipple, el fenómeno Tunguska se debió a la colisión de la Tierra con un pequeño cometa cuyo núcleo, dada la masa estimada, habría debido tener varios cientos de metros de diámetro. La cohesión del conglomerado que constituye el núcleo de un cometa es lo bastante débil como para permitir su desintegración rápida en el aire, provocando una explosión de gran magnitud antes de llegar a chocar con el suelo. Las destrucciones se deberían, fundamentalmente, a la onda de choque atmosférica y, secundariamente, a la onda térmica.

 

LA NAVE ESPACIAL

Entre todas las teorías que han pretendido explicar la explosión de Tunguska, la más discutida fue la planteada en 1946 por Alexander Kazantsev, escritor soviético de ciencia-ficción. Disfrazando su teoría en forma de cuento, Kazantsev sugirió que la explosión sobre Siberia había sido causada por el incendio de una astronave movida por energía nuclear, tal vez procedente de Marte.

Kasantsev especulaba que los extraterrestres habían venido para aprovisionarse de agua en el lago Baikal, que es el mayor volumen de agua dulce existente en el planeta. Al descender su nave a través de la atmósfera, la fricción la calentó hasta hacer estallar sus motores, produciéndose en el aire una explosión como la de la bomba de Hiroshima.

 

Los ufólogos soviéticos Félix Zigel y Alexei Zolotov han apoyado esta idea de la explosión de una astronave nuclear. Zigel llegó incluso a proponer la idea de que la nave realizó una maniobra en zigzag al intentar desesperada mente un aterrizaje, aunque en realidad ninguno de los testigos manifestó haber visto cambios de rumbo en la bola de fuego.

 

Otro escritor de ciencia-ficción, John Baxter, en su libro Thefire carne by, publicado en 1976, siguió la teoría de Kazantsev al comparar los efectos de la explosión de Tunguska con los de la bomba de Hiroshima: el fogonazo cegador y el intenso calor, la corriente ascendente de aire caliente que originó una columna "ardiente", y el característico grupo de árboles que permanecieron de pie en el centro de las devastaciones de Tunguska, tal como había ocurrido en el punto de explosión de la bomba de Hiroshima.

 

Hubo incluso rumores de radiaciones mortíferas en el lugar. Uno de los personajes del cuento de Alexander Kazantsev habla de un hombre que, poco después de examinar la zona devastada de Tunguska, murió entre terribles dolores, como si lo consumiera un fuego invisible. "Sólo podía tratarse de radiactividad", explica el personaje de la obra. En realidad, no existe ningún informe según el cual alguien muriese a consecuencia de la explosión de Tunguska, pero los tunguses explicaron que los renos de aquella zona presentaron costras en su piel, cosa que ciertos escritores modernos, como Baxter, han atribuido a quemaduras causadas por radiación.

 

Las expediciones al lugar del fenómeno observaron un crecimiento acelerado de la vegetación alrededor del punto de la explosión, atribuido también por algunos a unos trastornos genéticos ocasionados por las radiaciones.

 

Espero, profesor, que pueda dilucidar este enigma. Contando desde ya con su respuesta lo saludo atentamente.

Jesús M.

 

RESPUESTA

Apreciado Jesús: El tema de la explosión de Tunguska lo preguntamos en una de las primeras sesiones, y el diálogo está en El Cielo responde I, que por lo escueto que fue seguramente se te pasó desapercibido:

 

Interlocutor: ... Hay otra pregunta importante que tengo que hacerle, Maestro, y es respecto a la explosión de Tunguska en 1908, en Siberia...

Ron Hubbard: Fue un meteoro.

Interlocutor: ¿No fue un Ovni que se estrelló?

Ron Hubbard: No. Les confirmo que fue un meteoro.

 

En realidad, desde el punto de vista científico nunca se dudó de que se trató de un meteoro. Fue la imaginación desbordada de algunos autores la que pretendió darle otra explicación.

Seguidamente transcribo un interesante artículo que te aclarará todas las dudas, y que concuerda con la respuesta que nos dio nuestro Guía espiritual, el Maestro Ron Hubbard.

 

"Meteoro de Tunguska" fue la réplica a un artículo que apareció en una publicación periódica e interna del Cife [2].

 

Enlace a la página

METEORO DE TUNGUSKA

 

Hemos leído el artículo titulado "El gran enigma siberiano", acerca de la supuestamente misteriosa explosión que tuvo lugar en Tunguska el 30 de junio de 1908, y, una vez recuperados del estupor, no podemos por menos que replicar a través de estas líneas.

 

Lo que diferencia a un trabajo serio de otro que no lo es, es el respeto más exquisito a la verdad, mostrando como veraces sólo aquéllas hipótesis que se sustentan en evidencias demostrables científicamente, y nunca emitiendo conclusiones que no se mantienen en pie, únicamente por el mero hecho de que coinciden con los deseos, más o menos fantasiosos, del autor.

 

Viene esto al caso, porque el fenómeno que tratamos, es decir, la explosión ocurrida en Tunguska en 1908, es algo más que suficientemente estudiado por la comunidad científica, no habiendo hasta el momento más atisbos de duda que los que la fantasía de los aficionados a los fenómenos extraños le puedan atribuir.

 

Los cometas han sido estudiados desde la antigüedad. Pero los astrónomos no descubrieron el primer asteroide hasta 1801. Tras dos siglos de observación, han identificado cerca de 15.000 de estos pequeños cuerpos rocosos, cuyo diámetro va de 1 a 1000 Km. Sin embargo, tantos de los más pequeños han eludido la detección que el número total puede llegar en realidad a una cifra de millones.

 

Sea cual fuere el número exacto, los científicos han determinado que los asteroides −que orbitan el Sol formando un cinturón entre Marte y Júpiter− tienen una masa combinada que alcanza aproximadamente una veinteava parte de la Luna.

 

Los meteoroides derivan tanto de los cometas como de los asteroides. Pueden ser partículas del tamaño de un grano de arena procedentes de restos cometarios que han seguido surcando el Sistema Solar durante eones después de abandonar el cuerpo que los originó, o pueden ser fragmentos más grandes, resultado de colisiones entre asteroides que recorran órbitas peligrosamente cercanas. En el siglo XX, estas piedras del espacio han dado nacimiento a una nueva rama de la astronomía dedicada a comprender los cuerpos originales de los que nacieron los meteoritos a través del estudio de su descendencia recuperada en la superficie de la Tierra.

 

Toda una hueste de grandes pensadores, desde filósofos e inventores hasta matemáticos y físicos, han ayudado a alzar el velo de misterio que rodea a los helados vagabundos del sistema solar. Después de muchos siglos de evocar principalmente miedo y superstición, los cometas empezaron a atraer una seria atención científica a finales de los 1600. Para los primeros investigadores, el tema suscitó poco más que un interés de pasada.

Los avances significativos fueron relativamente esporádicos a lo largo de los siguientes 250 años, pero los 1950 dieron nacimiento a una edad de oro de las teorías cometarias. Basándose en los logros de sus predecesores, unas cuantas figuras clave elaboraron las respuestas a las cuestiones más básicas sobre el origen. composición y comportamiento de los cometas.

Estos son algunos de los más importantes científicos que han investigado los cometas, meteoros y meteoritos: Edmond Halley, Emmanuel Kant, Piere-Simon de Laplace, Friedrich Bessel, Haubert Newton, Richard Proctor, Raymond Lyttleton, Fedor Bredijin, Arthur Stanley Eddington, Jan Oort, Fred Whipple, Ludwig Biermann, Hannes Alfven, Franz von Zach, Giusippe Piazzi, Karl Gauss, William Herschel, Heinrich Olbers, Daniel Kirkwood, Maximilian Wolf, Kiyotsugu Hiriyama, Karl Rinmuth, Eugène Delporte, Eugene y Carolyn Shoemaker, Eleanor Helin, Tom Gehrels, Caltech Gerald Wasserburg, Ernst Chladni, Edward Howard, Grove Gilbert, Daniel Barringer, Harvey Nininger .....

 

Cuando el cometa de Halley regresó de las profundidades del sistema Solar en 1986, fue saludado por un puñado de naves espaciales lanzadas desde todo el mundo para investigar al famoso visitante. Dos satélites Japoneses tomaron medidas desde una cierta distancia: Suisei reunió información desde 160.000 Km. por delante del núcleo, muy dentro del frente de choque, el limite donde los iones cometarios tropiezan con el flujo de partículas del viento solar; mas de 6 millones de Km. mas adelante, Sakigake se concentró en la composición del propio viento. Otros tres vehículos, las sondas Vega 1 y Vega 2 de la Unión Soviética y la Giotto de la ESA, desafiaron la tormenta de partículas de polvo en la cabellera del Halley para efectuar sus estudios en primer término.

Pese a las medidas protectoras, las tres sondas sufrieron importantes daños, pero consiguieron enviar nuevos y significativos datos sobre la composición del núcleo y la dinámica del polvo y el gas que lo rodeaba. Giotto, la que mejor se comportó, se aventuró hasta menos de 650 Km. del núcleo para enviar las primeras imágenes nítidas del núcleo sólido del Halley.

Todo esto sirva para mostrar el nivel de investigación a que se someten los cometas. Los medios que se ponen al servicio de esta rama de la astronomía son cada vez mas sofisticados y abundantes, lo cual nos hace entender mejor cada día la composición y estructura de estos objetos.

Nos podríamos extender a lo largo de todo el contenido de este artículo solo explicando la metodología, medios, técnicas y resultados de la astronomía actual en el campo de los cometas y meteoros. Pero no es ésta la intención de este artículo, sino rebatir las propuestas del anteriormente citado Francisco Barrera.

 

En esta Delegación del Cife (*), en Blanca, que como sabéis está dedicada a la Astronomía, contamos con abundante documentación científica sobre este fenómeno. Esta documentación no tiene carácter de exclusividad, y seguro que consta en cualquier otro grupo de Astronomía al que se quiera preguntar por este tema.

 

Examinando los diversos trabajos serios que se han realizado sobre Tunguska, cualquiera puede llegar a la conclusión de que lo ocurrido en esa región de Siberia fue solamente el choque de un cometa con la atmósfera terrestre. Así se demuestra, sin lugar a dudas, en las anomalías isotópicas detectadas abundantemente en las muestras de turba halladas en la zona, entre otros, por la expedición internacional dirigida por Ivgeniy Kolesnikov en 1992.

 

Actualmente, sólo que se considera como alternativa seria la posibilidad de que, en lugar de un cometa, la explosión fuera producida por un asteroide de tipo terrestre (M. Galli, Universidad de Bolonia, 1991).

 

Estos científicos, así como la mayoría de los que han estudiado este fenómeno, han llegado a sus conclusiones después de encontrar evidencias tanto físicas (medición de anomalías isotópicas en la turba, estishovita, que es un subproducto de las ondas de choque meteoríticas, cuarzo impactado), sanidina (mineral forjado en las altas temperaturas típicas de las colisiones), iridio (metal parecido al platino, muy raro en nuestro planeta pero 10.000 veces mas abundante en cuerpos celestes como meteoritos), hallado en el Meteor Crater, Arizona y en Tunguska, como teóricas (análisis comparativo de los efectos de la explosión de Tunguska con los modelos de comportamiento de los meteoritos en contacto con la atmósfera).

 

Pero volvamos al artículo de este señor. Dedica la primera parte de su artículo a analizar con un sistema muy sui generis las dos hipótesis citadas anteriormente, además de otras tan peregrinas como la que atribuye la explosión a un microagujero negro (?), o incluso al envío de un rayo láser por extraterrestres (¡¡¡¡!!!!).

 

Pero no, descartadas todas las posibilidades por falta de pruebas que expliquen todas las características del fenómeno, el autor llega a la sonrojante conclusión de que la única posibilidad es la explosión nuclear causada por la entrada de un objeto llegado del espacio (él particularmente opina que se trata de una nave de exploración dirigida desde algún punto lejano por una inteligencia extraterrestre).

 

Ciertamente los métodos de deducción de este Sr. son espectaculares. Primero descarta, una tras otra todas las hipótesis barajadas porque, aunque en algún caso cuenten con algunas evidencias a su favor, no terminan de explicar, según él, el fenómeno en toda su amplitud, y, sin embargo, él se descuelga con una conclusión sobre la que no existe, ni por asomo, ningún tipo de prueba, directa o indirecta, pero presentándola como única explicación posible al fenómeno.

 

Este caso no es aislado. Hemos comprobado a lo largo de diversos números la desfachatez con que son tratados algunos temas, sin el menor asomo de rigor científico. Pero esta vez, y por tratarse de un asunto que nos concierne directamente como Delegación de Astronomía, no hemos podido por menos que responder de esta forma.

 

No es posible escribir y publicar este tipo de artículos, y seguir creyendo en la seriedad de una revista. Es duro decirlo pero, cualquiera que afronte estos temas con un mínimo de rigor científico (creemos que ése es, o era, el espíritu del C.I.F.E.), no puede admitir este tipo de enfoques.

 

Está claro que la mayoría de los que presentan sus trabajos en Estigia cuentan con la supuesta complicidad de los lectores, lo que les hace disparar su imaginación a la menor oportunidad y sin rubor alguno.

 

Pero creemos sinceramente que éste no es el camino. Si lo que queremos es mantener una publicación que cuente con el respeto de los aficionados serios, deberemos hacer todos un esfuerzo para aumentar el nivel de rigor científico de nuestros trabajos. Si lo que deseamos es mantener una publicación para pasar el rato, en la que cada cual se fabrique el mundo a su medida, según le dicten sus mayores delirios fantásticos, adelante, estamos en el camino.

 

Angel Pablo Molina Saorin

Jose Miguel Martinez Soriano

C.I.F.E.

Delegación de Astronomía.

Blanca.

 

BIBLIOGRAFÍA.

Gallant, Roy A. "TUNGUSKA". Sky &Telescop, Agosto 94

Cometas Asteroides y Metoritos, Vol 2. Time-Life-Folio.

 


[1] En la actualidad, este tipo de especulaciones no se justifica porque la ciencia astronómica ya ha dado su veredicto incuestionable.

[2] C.IF.E. Centro de Investigación de las Ciencias de Frontera. Se fundó en Archena (Murcia) en la década de los 70, con la principal intención de dar cabida a las investigaciones del fenómeno Ovni. La delegación de Blanca fue una de las primeras en Murcia y en España. Posteriormente, las delegaciones se fueron especializando en los diversos temas, Ufología, Parapsicología y Astronomía que le correspondió a Blanca. Éste fue el origen de la Asociación Astronómica de Blanca en el año 1992.