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Mapa de Piri Reis ¿cartógrafos espaciales?
Grupo Elron

 

PIRI REIS

(1470-1554)

MAPA DE PIRI REIS

Los investigadores se preguntan cómo pudo este navegante turco diseñar con tanta precisión detalles geográficos desconocidos para su época y que requieren incluso la utilización de aviones, que fueron descubiertos muchos siglos después... La respuesta obvia es que simplemente no pudo hacerlo.


 

 

EL FRAUDE CIENTÍFICO


Mario Bunge
TEMA: Fraudes
URL: La Nación http://www.lanacion.com.ar/

Un fraude científico no es un delito que pueda cometer cualquiera. Es una estafa perpetrada con pericia científica y a la vista de una comunidad científica. Para cometerla es necesario saber bastante, lo suficiente para engañar a quienes lo evalúan. En esto es igual a la falsificación de moneda o de pinturas famosas.

Los fraudes científicos no son frecuentes, y ocurren casi exclusivamente en la investigación biomédica. Quizás esto se deba a dos motivos. Uno es que los médicos no son entrenados como científicos sino como artesanos, de modo que se engañan y autoengañan más fácilmente que los investigadores básicos. El otro motivo es que los investigadores en esa área están sometidos a una mayor presión para publicar que en cualquier otra.

El problema del fraude biomédico se ha vuelto tan agudo que la prestigiosa revista Science le dedicó el editorial de su edición del 18 de agosto de 2000, en la que se publicaba justamente una retractación de una nota, firmada por tres investigadores de la universidad angelina de Southern California que habían publicado un artículo en un número anterior de la misma revista.
El primer autor de esa retractación "ha reconocido una alteración de los datos que pone en cuestión las principales conclusiones del artículo". No se sabe qué sanción le aplicó su universidad. Lo que es seguro es que será exiliado de la comunidad científica.

El editorial de marras enumera los perjuicios colaterales causados por el fraude en cuestión. Por ejemplo, algunos investigadores se fundaron sobre los presuntos hallazgos, y ahora tienen que rehacer sus trabajos da capo. Los referís del artículo perdieron su tiempo. El distinguido investigador que de buena fe escribió un comentario encomioso sobre un experimento que no se hizo perdió aún más tiempo y arriesgó su prestigio.
Pero el daño mayor es social: consiste en la depreciación de la confianza, no sólo dentro de la comunidad científica, sino también en el seno del público que contribuye a pagar las cuentas de la investigación.

¿De qué confianza se trata? De la confianza en que los investigadores van a buscar la verdad y decirla si tienen la suerte de encontrarla. Porque la verdad es la moneda del reino de la ciencia. (En el reino de la técnica circulan dos monedas: la verdad y la eficiencia.)
De modo que quien falsifica la verdad equivale al falsificador de moneda, al fabricante de autos con graves defectos que conoce pero oculta, al que vende yerbitas para tratar tumores cancerosos y al político que adultera los resultados de un sufragio. Los cinco nos perjudican a todos.

Por este motivo, los fraudulentos merecen sanciones mucho más severas que los plagiarios. Éstos son meros rateros que difunden artículos casi tan buenos como los originales. Roban, pero apenas adulteran, de modo que su delito no se propaga ni perjudica más que a los autores originales. Si los expertos no logran diferenciar un Van Gogh falsificado de uno legítimo, será porque la diferencia entre uno y otro es tan diminuta que no afecta el placer que proporciona su contemplación.
Estas reflexiones obvias no cuadran con el credo posmoderno, según el cual no existe la verdad objetiva. Por ejemplo, los sociólogos de la ciencia posmodernos, tales como Michel Foucault, Bruno Latour y Steve Woolgar, han afirmado que los científicos no buscan la verdad sino el poder. Pero si así fuera, no se entiende por qué los investigadores aprecian tanto la comprobación ni por qué condenan la falsificación. Pero volvamos al fraude.

Revisión por los pares

El editorial citado recuerda que la mayoría de los fraudes científicos no se cometen en sótanos anónimos sino en laboratorios activos y prestigiosos, ni son motivados por intereses económicos sino por el ansia de prestigio instantáneo.
En esos laboratorios los investigadores principales no suelen tener tiempo para participar personalmente en los experimentos, o siquiera para vigilarlos de cerca. El maestro se ha convertido en administrador a cargo de un microimperio excesivamente poblado y con un presupuesto millonario. Invierte demasiado tiempo en buscar fondos, colocar a ex alumnos y corregir el estilo de los papers que van a someter a publicación.
Ese líder científico ya no investiga sino por delegación. No le queda tiempo para aprender a dominar las nuevas técnicas, que deja a cargo de estudiantes graduados y posdoctorales. Pero, puesto que suele sugerir el problema de investigación y participar en la redacción del informe final, su nombre figura como coautor del trabajo. A veces por mera cortesía. O porque consiguió el subsidio. Es más jefe honorario que con comando de tropa.

El problema de la investigación delegada es tan grave que ha sido objeto de novelas del famoso bioquímico Carl Djerassi, el inventor de la píldora anticonceptiva. Una de ellas, El gambito Bourbaki, trata de un grupo de investigadores de primera línea obligados a jubilarse tempranamente. Al principio, la única finalidad del grupo es mantenerse activo y vengarse del "establecimiento". Pero sus miembros investigan con tanto ingenio y tanta suerte que obtienen un resultado sensacional, que da lugar a que se reproduzcan todos los problemas de los que creían haberse librado. Por ejemplo... No, no sigo: mejor será que lea usted la novela.

¿Qué puede hacerse para evitar el fraude? Las comunidades científicas ya disponen del mecanismo necesario para detectar fraudes y, en general, evaluar la calidad del trabajo científico: consiste en la revisión de proyectos y productos por parte de pares. No es un mecanismo infalible y a veces da lugar a injusticias, pero es el único conocido.

Por favor, no se le ocurra a usted mejorar este procedimiento proponiendo que detrás de cada investigador se instale un detective, censor o sacerdote encargado de mantener la pureza del ethos científico. Eso sí que daría lugar a fraudes en gran escala, como los que ocurrieron en la Alemania nazi y en la Unión Soviética estalinista. Si ha de haber fraude, más vale que sea al por menor y no al por mayor.


 

 

La historia conocida I

(los crédulos)

Artículo realizado por Javier Sierra y publicado en la revista MAS ALLÁ en su especial monográfico: "GRANDES MISTERIOS DE LA TIERRA" en Junio de 1996.

CARTÓGRAFOS ESPACIALES

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¿Cómo es posible que mapas de los siglos XVI al XVIII detallen con precisión milimétrica el continente antártico, que no fue descubierto hasta 1818? Y lo que es más, ¿cómo se explica que esos mapas lo dibujen sin hielos, cuando hace 6000 años sus costas están literalmente congeladas. Los cartógrafos los tienen así de claro: ellos copiaron sus mapas de cartas de navegación diseñadas en la oscura noche de los tiempos. Pero ¿por quién?

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A principios de los años treinta, durante una inspección de los fondos del antiguo palacio imperial de Topkapi, en Estambul, se descubrió un viejo mapa pintado sobre piel de gacela en una polvorienta estantería de madera. Pronto se supo que el mapa en cuestión fue diseñado en 1513 por un almirante de la flota otomana llamado Piri Reis. Este hombre, un navegante de reconocido prestigio en su época, que incluso llegó a publicar un libro - el Kitabi Bahriye- en el que describe palmo a palmo el Mar Egeo, dibujó con extraordinaria precisión las costas atlánticas de África, la Antartida, España y Sudamérica sobre aquel pedazo de piel. Y lo hizo tomando los datos necesarios de un buen número de mapas antiguos cuyo origen nunca ha llegado a esclarecerse.

Pese a la extraordinaria precisión geográfica que demuestra ese mapa, tuvieron que pasar casi tres décadas hasta que un profesor de Historia de la Ciencia de New Hampshire (Estados Unidos) se interesara por él. Charles Hapgood - el profesor en cuestión - no tardó en poner en manos del Escuadrón de Reconocimiento Técnico de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), encargado de la cartografía militar norteamericana, una copia del mapa del Almirante Reis con la intención de comprobar la precisión de sus contornos. El 6 de Julio de 1960, el teniente coronel Harold Z. Ohlmeyer redactó sus conclusiones. En ellas admitía que la costa antártica que representaba el mapa tuvo, forzosamente, que "ser cartografiada antes de que fuera cubierta por la capa de hielo". Y añadía que, en nuestros días, "la capa de hielo en esta región tiene más de un kilómetro de grosor".

Las precisiones del teniente coronel Ohlmeyer despertaron todas las alertas de los científicos. Tal y como Hapgood no tardó en calcular, las regiones antárticas cartografiadas por Reis estuvieron libres por última vez de hielos hace al menos... ¡6.000 años! Esto es, varios siglos antes de que -según la cada vez más malherida arqueología ortodoxa- surgieran los primeros vestigios de la cultura egipcia en el delta del Nilo. Y es que, si en el 4.000 a.C. no existía "oficialmente" ninguna civilización desarrollada sobre el planeta, ¿cómo pudo haber alguien que cartografiara esas regiones hace tanto tiempo? Y lo que es más, ¿tan antiguos eran los mapas en los que se basó Reis para confeccionar su hoy famosa carta marina?

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Por fortuna para nosotros, el Almirante Reis lo dejó bien claro: él no "inventó" su mapa, sino que se limitó a copiar varios otros mapas antiguos a los que había tenido acceso en la Biblioteca Imperial de Constantinopla. Según el profesor Hapgood, muchos de los mapas custodiados en el siglo XVI en ese recinto habían llegado hasta allí gracias a marineros fenicios. "Tenemos evidencia -asegura Hapgood - de que éstos los consultaron y estudiaron en la gran Biblioteca de Alejandría (Egipto) y que esas compilaciones fueron hechas por geógrafos que trabajaron allí". Tampoco hay que perder de vista que, durante la Tercera Cruzada, los venecianos asaltaron Alejandría y muchos de los marineros de ese puerto italiano comenzaron a manejar mapas de precisión justo a partir del año 1204. ¿Fue, pues, el saber acumulado en el antiguo Egipto el que copió Piri Reis en su mapa?

Un "pequeño detalle", denunciado hasta la saciedad por el científico espacial francés Maurice Chatelain (que falleció, por cierto, recientemente en California), tiende a asentar esta tesis. Según Chatelain, la deformación que presentan las líneas de costa en el mapa de Piri Reis obedece a que esta carta "representaba una proyección plana de la superficie esférica de la Tierra tal y como podría ser vista hoy por un astronauta situado a una gran altura sobre Egipto". Efectivamente. Una foto de satélite tomada a 4.300 kilómetros sobre la vertical de El Cairo mostraría, exactamente, esa deformación de las costas... lo que ha permitido a cientificos de la talla de Chatelain suponer que el mapa de Piri Reis es, en verdad, una copia de enésima generación de un mapa antiquísimo realizado desde la vertical de la moderna ciudad de las pirámides de Gizéh.

Sea como fuere, la precisión del mapa de Reis no se detiene ahí. El Almirante turco ubicó en su longitud y latitud correctas Sudamérica y África. Empresa, por cierto, nada fácil si tenemos en cuenta que hasta el siglo XVIII nuestros marineros no pudieron calcular con precisión las longitudes, al carecer de cronómetros que ofrecieran márgenes de error de pocos segundos. No obstante, y para ser ecuánimes, debe reconocerse que Piri Reis cometió ciertos "errores", como repetir dos veces el curso del río Amazonas o el de ignorar la existencia del río Orinoco. Sobre el primero, el profesor Hapgood atribuye el "fallo" a que el Almirante copió de mapas distintos dos veces el mismo río; y lo demuestra argumentando que si bien uno de esos Amazonas recoge la isla de Marajo en su delta, el otro no lo hace porque está basado en una carta de hace ¡15.000 años!, cuando todavía Marajo estaba unida al continente... En cuanto al Orinoco, Hapgood disculpa a Piri Reis argumentando que, en lugar de este rio, el Almirante dibujó dos profundos entrantes en el continente que debieron transformarse en el río hace también varios miles de años.

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Las rotundas afirmaciones de Hapgood cortan el aliento aún más de dos décadas después de ser formuladas. De hecho, recientemente, idéntica tesis ha sido retomada por el periodista e historiador Graham Hancock en su obra Fingerprints of the Gods, en la que pretende demostrar que hace más de doce mil años habitó la Tierra una cultura muy desarrollada, científica y tecnológicamente. Su libro, que ha merecido toda clase de críticas por haber pasado de largo investigaciones previas de expertos como Sitchin o Von Daniken, conduce hacia otros mapas antiguos que bebieron de las mismas misteriosas fuentes documentales que Piri Reis y que recogen las mismas cartografías "imposibles" subglaciales de la Antártida, así como costas en su época aún no descubiertas.

El ejemplo más destacado es el mapa antártico de Oronce Finé, trazado en 1531. Su descripción del continente helado se ajusta casi totalmente a las cartografías de la Antártida desarrolladas a partir de su descubrimiento oficial en 1818. Y es que -permítaseme la licencia lingüistica- Finé hiló muy fino, pues no sólo dibujó detalles de sus costas no descubiertos hasta fechas recientes, sino que ubicó correctamente el emplazamiento del Polo Sur, trazando su rnapa gracias a cartas necesariamente elaboradas, siempre según el profesor Hapgood, "cuando las costas debían estar libres de hielos". Hapgood quedó fascinado con este mapa. Llevó copias del mismo al doctor Richard Strachan, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), para su análisis, confirmando que Finé copió su carta de otras anteriores y que las originales muestran el perfil de los ríos antárticos con el aspecto que debían presentar hace seis milenios, antes de que los depósitos de sedimentos modificaran parte de su aspecto.

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Pero Finé no fue el único en copiar esos misteriosos "mapas madre". Un contemporáneo suyo, apodado Mercator -y al que muchos identifican con el célebre cartógrafo Gerard Kremer -, trazó un Atlas en 1569 en el que ubicaba con precisión lugares descubiertos muchos siglos más tarde, como el Mar de Amudsen o el Mar de Bellinghausen. Lo cierto es que Mercator tuvo lazos muy estrechos con Egipto, llegando incluso a visitar la Gran Pirámide en 1563. Y no sería descabellado suponer que, fruto de esas conexiones, Mercator obtuvo los "mapas madre" (o copias de los mismos, perdidas hoy) que le sirvieron de documentación para su obra. Una obra, por cierto, que sirvió de guía doscientos años más tarde a Philippe Buache, un cartógrafo ochocentista que también dibujó la Antártida desprovista -esta vez en su totalidad - de hielos. Un mapa que, por cierto, no ha podido "imitarse" hasta que los científicos obtuvieron nuevos datos de este continente en 1958, con motivo del Año Geofísico Internacional.

¿No son los datos contenidos en estos mapas un indicio más que sólido de la existencia de un saber muy anterior al que admite la historia? La respuesta a esta interrogante sólo puede ser afirmativa.

 

 

 

La historia conocida II

(los incrédulos)

Enlace a la página

Número: 20 Año: 2001

EL ESCÉPTICO DIGITAL

Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la Pseudociencia

© 2000-2004 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

http://www.arp-sapc.org/

Edición 2001 - Número 20

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P.- No me rindo: quiero otro indicio más.

R.- El mapa del almirante Piri Reis: es de 1503, pero dibuja el perfil costero de la Antártida, ¡que no fue descubierta hasta 1818!

Vigésimo error./ Como aclaración previa, el primer mapa del almirante Piri o de Piri Reis (Re´es significa almirante, así que lo del almirante Piri Reis es una redundancia) está datado (por una inscripción en el mismo) en el mes de muharrem del año 919 lo que traducido a nuestro calendario significa que se terminó entre el 9 de marzo y el 7 de abril de 1.513 que no de 1.503; pero visto lo visto diez años no suponen mucho. Lo que sí es bastante más grave es la afirmación sobre la Antártida. Basta observar el mapa original para comprobar que lo que supuestamente es la Antártida está unida a la costa americana justo debajo de la desembocadura del Río de la Plata. ¿Es ese el caso real? Evidentemente, no. ¿Por qué entonces aparece esa masa terrestre proyectándose hacia el Este? Supongamos por un momento que dibujamos la línea de costa americana y supuestamente antártica como una recta, es decir, lo que en el mapa de Piri Reis aparece hacia el Este lo continuamos hacia el Sur. ¿Qué observaremos? Que la línea dibujada se corresponde bastante fielmente a la costa sudamericana hasta el Estrecho de Magallanes. ¿Por qué el error de suponer que la costa americana al Sur del Río de la Plata cambiaba de dirección para dirigirse al Este? Porque el mapa del almirante Piri, aunque es una obra cartográfica magnífica (y lo que digamos a continuación no debe entenderse como una merma de su gran valor), es una refundición de mapas antiguos y contemporáneos. En varios de los mapas europeos de esta misma época apreciamos la existencia de un continente al Este de América. ¿Por qué? Por la influencia de la obra "Geografía" de Ptolomeo en la que se suponía que debía existir un gran continente oriental que equilibrara en cierta forma la masa formada por África, Asia y Europa. No es el único caso en el que el Piri Reis aceptó como buenos los errores cartográficos ajenos. Por ejemplo la isla de la Hispaniola no tiene ningún parecido con la real pero sí con las representaciones de comienzos del S XVI en las que se asumía la identificación entre La Hispaniola y Cipango y se la representaba según la descripción de Marco Polo, rectangular y con una orientación Norte-Sur. Otro error semejante es el de representar Cuba como parte del continente americano y no como una isla según la impresión que tuvo de ella Cristóbal Colón. También la proporción con la que se representa América es mayor que la empleada para la Península Ibérica.

Artículo completo en este enlace...

 

La historia verdadera

LOS BUSCADORES DE PRESTIGIO RÁPIDO

La verdad sobre los mapas de Piri Reis.

Estimado profesor: Uno de los grandes enigmas de la historia son los mapas de Piri Reis, un navegante turco que vivió entre finales del siglo XV y principios del XVI. El misterio proviene de una serie de mapas que realizó anticipándose a descubrimientos geográficos que se hicieron muchos siglos después. Naturalmente se ha conjeturado que este cartógrafo pudo haber obtenido los datos de mapas anteriores y que él se limitó a copiarlos. Si esto fuera así, la pregunta es quién pudo hacer esos mapas. ¿acaso fueron cartógrafos espaciales como conjeturan algunos?

Julieta D.

Diálogos sobre esta cuestión, en su parte pertinente, que tuve con Ron Hubbard en la sesión del 26/10/04. porque son categóricos:

Interlocutor: ¿Hubo mapas a disposición de Cristóbal Colón? Lo pregunto porque los historiadores hablan mucho de esta posibilidad.

Ron Hubbard: Mapas hubo, pero incompletos. Colón sabía con toda certeza que había nuevas tierras porque su Yo Superior se lo dictaba constantemente e incluso sabía que existían hielos en el sur.

Interlocutor: En definitiva todo se debe a que Colón era un gran médium.

Ron Hubbard: Por supuesto. De ahí provenía su tremenda seguridad.

Interlocutor: Está claro. ¿Pero y los mapas no le daban también certeza?

Ron Hubbard: No, para nada. En esa época no había ningún mapa que pudiera darle siquiera la más mínima certeza de que había otras tierras.

Interlocutor: ¿Pero no tuvo en sus manos los mapas de Piri Reis?

Ron Hubbard: Aparte de que son posteriores a la muerte de Colón, y por lo tanto no pudieron estar nunca en sus manos, los mapas verdaderos de Piri Reis eran totalmente incompletos y no mencionaban ninguna nueva tierra.

Interlocutor: ¿Usted me está diciendo que esos mapas son falsos?

Ron Hubbard: Así es.

Interlocutor: No entiendo.

Ron Hubbard: Los mapas que se atribuyen a Piri Reis no son los que éste dibujó, pues fueron redibujados por otros cartógrafos que le agregaron datos geográficos que ya se sabían con certeza.

Interlocutor: ¿Este mapa que le señalo y que extraje de Internet como de Piri Reis es tramposo?

Ron Hubbard: Así es. Te reitero que los mapas originales de Piri Reis eran totalmente precarios y no indicaban para nada nuevas tierras.

Interlocutor: Bueno, confieso que esto no me lo esperaba. En realidad pensaba que Piri Reis había tenido algún contacto extraterrestre.

Ron Hubbard: No, para nada, sus mapas fueron modificados por cartógrafos posteriores. Es como si yo esbozara con unas pocas líneas un rostro y luego viniera otro y lo completara con sus ojos, su nariz, su boca, sus orejas.

Interlocutor: Entiendo. Es decir que Piri Reis no cometió ningún tipo de fraude.

Ron Hubbard: Así es.

Interlocutor: En definitiva, se tejió toda una historia falsa sobre estos mapas.

Ron Hubbard: Totalmente. No son los originales.

Interlocutor: Para que en definitiva no haya ninguna duda, ¿cuando los cartógrafos modificaron los mapas de Piri Reis le agregaron datos geográficos de los que ya se tenía certeza?

Ron Hubbard: Exacto. Ésa es la verdad absoluta.

Interlocutor: Más fraude, imposible. ¿En concreto, entonces, Colón no pudo tener a la vista ningún mapa que le diera la certeza de nada?

Ron Hubbard: Así es. La certeza de Colón provenía fundamentalmente de su Yo Superior.

Interlocutor: ¿Eso que usted dice es absolutamente categórico?

Ron Hubbard: Recalco que el descubrimiento de Colón es solamente un mérito de él.

Interlocutor: Bien. no voy a insistir más porque esta cuestión la considero debidamente aclarada.