Crónicas de Sargón 5 - Tom

 

 

 

            Entidad: Con vosotros, Ra-El-Dan, relatando las crónicas de Sargón en el año 6.200 de la Era Galáctica donde se estaba llevando una guerra que involucraba ochenta mundos, treinta y cinco rebeldes contra cuarenta y cinco que seguían fieles a Sargón 4. Batallas colosales en medio de las estrellas donde el hijo del primer ministro Obradín, Ascardín, comandaba la flota causando numerosas bajas en los rebeldes enemigos.

 

            Y de mí, ¿qué puedo decir? Estaba en el planeta Angustor con la memoria perdida, con una protectora llamada Martial que cada día me despreciaba más por mi timidez y no sabía si seguiría en casa de ella. Verdaderamente, me sentía como desahuciado. Esto que voy a relatar me lo comentó Martial al final de la historia.

 

            El doctor de cabecera ya se había decidido. Iría a la base de la Policía Espacial y me acusaría de ser el loco homicida y así le quedaría el camino libre para ganarse el cariño de Martial, porque él la amaba en secreto o así él lo creía. Martial ya lo sabía, pero prefería no dar a conocer que lo sabía.

 

            En ese instante se escuchó el zumbador de llamada. El doc accionó el mecanismo de apertura y un panel corredizo dejó ver la silueta de un hombre joven.

 

            -Adelante; justo estaba por salir -la expresión del doc cambió totalmente al mirar bien a su visitante y al ver la enorme navaja que portaba en su mano derecha.

 

            -¡No, por favor, no! ¡Lo suplico!- El doc, uno más, víctima del demente.

 

La amazona pelirroja le dijo a las dos jóvenes, a Shaman y a Iliana: -Ustedes quedarán al frente del trabajo, yo tengo algo que hacer y no sé si regresaré hoy.

 

            -No te preocupes, Martial, nosotras nos encargamos de todo.

 

            -Bien. Hasta luego.

 

            El cabello suelto destacaba más su bello, pero duro rostro.

 

            

 

           Su cuerpo, al caminar, acentuaba sus enormes curvas, los ojos verdes tenían una mirada felina y su boca de labios apretados hacía resaltar su gesto resuelto. Ella ahuyentaba con su fuerte personalidad a la mayoría de los hombres pero no le importaba. En poco tiempo llegó hasta la casa.

 

            Martial, Martial, un bello ángel…

 

Se extrañó porque yo no estaba en la casa, pensó que debía estar caminando por ahí. Pero se cambió de ropa apresuradamente y volvió a salir. Se llegó hasta la casa del doc presionando el pulsador de llamada. Martial pensaba que el doc le daría la opinión sobre mi conducta. Volvió a tocar el pulsador; obviamente no obtuvo respuesta. Cuando ya se estaba por ir descubrió que el panel deslizante estaba corrido; lo empujó y entró.

 

            -Doc, soy Martial.

 

            Casi tropieza con el cadáver.

 

            -¡Doc!, doc… doc, Dios… Tomaré el videófono, llamaré a la policía.

 

En ese momento una figura se interpuso.

 

Martial no perdió la calma. -¿Quién es usted?

 

            -Soy Cinder y vine para hacer justicia.

 

            Martial miró el rostro del hombre. Era joven, de mirada febril, labios temblorosos, pero lo que más le impresionó fue la filosa navaja que tenía en su mano.

 

            -Debo cumplir con el mandato divino –dijo el siniestro personaje. –haré justicia de nuevo y ya podré descansar en paz.

 

            -No creo haberle hecho ningún mal –exclamó Martial, tratando de conservarse serena.

 

            -Sí, Me han perjudicado, he sufrido… Ya me he vengado de todos. Quedas tú… Martial Torres.

 

-No le entiendo, Cinder, ¿quiénes le hemos perjudicado y cuándo?

 

            -Fue hace diez años. Yo estudiaba para recibirme de técnico espacial, era mi gran ilusión ser algún día jefe de alguna plataforma orbital, pero tuve un incidente sin importancia con otro alumno y mis compañeros perversos me acusaron de agresión. El doctor y otros profesores resolvieron expulsarme arruinando mi carrera.

 

-Ahora te recuerdo, Cinder, casi matas a ese chico, estuvo en coma diez días. Sí, tú le sacaste unos apuntes y él te los reclamó. En respuesta lo golpeaste en la cabeza hasta verlo caer desvanecido. Claro que declaramos en contra tuya, era lo que correspondía.

 

            -¿Reconoces que me causaron un problema? Por lo menos vas a morir sabiendo por qué.

 

            Cinder levantó el brazo armado avanzando lentamente hacia Martial.

 

            -Contigo culminaré mi venganza. Muchos de mis seis compañeros se encontraban en otros mundos. Los localicé y los ejecuté. Me apresaron, ¿eh? y me condenaron, pero pude escapar para completar mi venganza. Tú, tú, Martial, eres la última.

 

            La joven, al retroceder, tropezó con una butaca y cayó de espaldas.

 

            -¡Muere! -sentenció el hombre.

 

            Y ahora relato lo que yo viví.

 

            -¡No! ¡No morirá! –exclamé.

 

            Cinder, el demente, se volvió rápidamente hacia quien osaba interrumpir su venganza.

 

            -¡Tom! –dijo Martial -Sal de aquí, rápido, ve por ayuda.

 

            -No –respondí –no quiero que te hagan daño. Te amo demasiado para permitir que te lastimen, no me iré.

 

            ¡Ja, ja, ja, ja! Morirás, entonces, junto con ella.

 

      -A Martial no la va a tocar –exclamé interponiéndome entre Cinder y ella.

 

            Martial, asombrada, observaba mi gesto resuelto; en ese momento me olvidaba del miedo al ver en peligro la vida de la persona que de verdad amaba. Cinder me atacó, nos trabamos en lucha, rodamos por el piso. Martial aprovechaba para incorporarse.

 

            -¡Ah! -en ese momento me golpeé la cabeza y aflojé la presa. El asesino al verse libre me descargó una navaja en el brazo -¡Aaah! –Me salía abundante sangre en ese momento. Cinder corrió hacia Martial, la sujetó y le impidió que usara el videófono y la empujó contra la pared levantando el brazo armado.

 

            -¡A ella no! –dije, lanzándome contra él -¡A ella no!

 

            Me tiré a los pies de Cinder dejando un surco de sangre en el piso. El demente cayó junto conmigo. Luchamos de nuevo por la posesión de la navaja. Cinder volvió a herirme -¡Aaay! -en el hombro. Me aparta a un lado poniéndose de pie:

-¡Y ahora terminaré con el mandato divino…!

 

            -¡Aaaaaaahhh! –grité, lanzando el puño al rostro del sádico criminal. ¡Crack! –crujieron los huesos de la boca y la nariz al hundirse. Cinder cayó muerto instantáneamente. Fin de la pesadilla.

 

            Martial tardó un rato en reaccionar. Luego corrió para abrazarme.

 

            -Me salvaste la vida, Tom, te has arriesgado por mí.

 

       -Yo quiero decirte que… yo quiero decirte que… yo quiero decir…. Y en ese momento caí desvanecido.

 

            Recién entonces, Martial vio que estaba toda manchada de sangre, de mi sangre. Lo que siguió después, Martial lo vivió como en sueños.

           Yo me recuperé enseguida, guardando cama para recuperar mi rehabilitación. Ella se sentó a mi lado del lecho preguntando: -¿Te sientes bien?

 

            -Sí, por supuesto. Me siento un hombre nuevo.

 

            -Te noto la voz distinta, más firme.

 

            -Es mi verdadera voz, Martial. Por fin he recobrado la memoria.

 

            -¡Magnífico! –dijo la joven –¿Ya sabes quién eres?

 

            -Así es. Me llamo…

 

            -¿Permiso? –una enfermera entró en la habitación –Hay dos agentes de la Policía Espacial que quieren verlo.

 

            -Que pasen.

 

      -Vendrán a tomarte declaración –exclamó Martial.

 

            Dos muchachos jóvenes, luciendo el uniforme que caracterizaba a la principal fuerza de seguridad del sistema, entraron a la sala.

 

            Martial miró el uniforme y vio que tenía el sol de Sargón; o sea, que era la policía espacial de Sargón que venía al sistema de Angustor.

 

            -Disculpe que lo molestemos, es cosa de cinco minutos.

 

            -Pasa, Pol... adelante, Barni.

 

            -¿Nos conoce? –preguntó Pol –No recuerdo haberlo visto. La transformación del semblante del agente fue más que evidente. El gesto de alegría del muchacho fue algo indescriptible.

 

      Martial miraba a uno y a otro sin entender.

 

     -Señor, lo creíamos muerto. Alabado sea el cielo. No lo reconocí con este peinado. Barni agregó: -No se imagina el placer que nos causa el saberlo vivo. ¿Está bien, señor?

 

    -Sí, ahora, sí. Les presento a Martial Torres, ella me atendió cuando yo más lo precisaba. De verdad, le debo a ella el estar vivo.

 

   -Si hizo eso por usted, señor, nosotros seremos sus amigos incondicionales. Y ahora permítamos el placer de ir a dar la buena noticia en la base para que, a su vez, la transmitan a Sargón.

 

   -¡¿Quieren decirme de una buena vez quién es en realidad mi ex protegido?! –preguntó Martial impaciente.

 

   Los muchachos la miraron con asombro. –¿De verdad no sabe quién es?

 

        -No, pensé que era un vagabundo, yo le puse de nombre Tom.

 

        -Señorita, es nada menos que Ascardin, el hijo del ministro Obradín, el comandante de la Flota, el mejor hombre que tuvo, tiene y tendrá la Policía del Espacio. El mejor hombre que tiene la Flota de Sargón 4.

 

   Martial me miró… -¿Tú eres Ascardín? ¿Tú? ¿El comandante de la Guerra de los Sistemas Estelares?

 

   

 

  -Sí, Martial. Como dice Barni, como dice Pol... soy Ascardín, un eterno agradecido. En este momento olvídate del héroe de la Policía del Espacio del sistema de Sargón, de las mil batallas en la galaxia contra los treinta y cinco planetas rebeldes. En este momento soy un eterno agradecido y te debo una explicación de lo que me pasó.