Crónicas de Sargón 3 - Tom

 

 

 

            Entidad: Con vosotros, Rael-Dan.

 

            Recuerdo que había despertado una mañana con mi memoria casi vacía en el sector G de Gotam, en la colonia C, en un remoto planeta llamado Angustor. Sabía, sí, que el planeta central de la Federación era Sargón 4. Sabía que quienes lo regentaban eran el ministro Obradín apuntalado por su fiel esposa, la concejala Arduana. Y tenían un hijo que era casi una leyenda, Ascardín, que en este momento estaba luchando contra una rebelión de treinta y cinco planetas de la periferia que habían declarado la guerra a Sargón.

 

            Pero yo estaba lejos de todo eso. Yo, prácticamente, no tenía vida propia, no sabía quien había sido, me habían encontrado con hambre, debilitado, mi carácter era tímido, apocado y me había encontrado con una mujer llamada Martial que era tan hermosa, tan distante…

 

            -¿En qué estás pensando?

 

            En ese momento salgo de mi pensamiento, la miro a Martial y le digo: -No, en mi pasado… ¡en mi pasado!, en lo poco que recuerdo de mí.

 

            Íbamos en el helio móvil hacia el centro de Gotam.

 

            -La verdad, –me dijo con tono de incredulidad- he quedado asombrada. Has realizado quinientos abdominales y cien flexiones de brazos sin dar ninguna señal de fatiga.

 

            -No me di cuenta, Martial.

 

-Admito que me faltan conocer muchas facetas de ti, Tom, tengo la esperanza de que pronto recuperes la memoria. Lo que no concuerda en todo esto es tu timidez, tu inhibición. No sé, miro tu rostro y me jacto de ser una mujer que conoce los rostros y tu rostro no es lo que expresas.

 

            -No… no entiendo lo que quieres decir.

 

            Martial dejó el vehículo en un aparcamiento a ello y bajamos por una plataforma de descenso automático. Recorrimos la ciudad en su totalidad. Verdaderamente yo estaba deslumbrado, miraba todos los letreros luminosos mientras mi protectora me hablaba explicándome los detalles de cada negocio o local de esparcimiento.

 

            -Observa, mira, esto es la vida nocturna de Gotam. No le tiene nada que envidiar a ninguna de las grandes ciudades de Sargón.

 

            -¿Tú has conocido Sargón?

 

            -¡Oh, sí! He ido dos veces, está cerca de aquí, a veinte años luz.

 

            -Verdaderamente, en distancia está cerca, yo que imaginaba a Angustor un planeta, no sé, a miles de años luz de Sargón.

 

            -Bueno, estamos más hacia la periferia del brazo galáctico, pero veinte años luz no es nada.

 

            -¿No estaremos cerca de los planetas rebeldes?

 

            -No, el planeta rebelde más cercano está a ciento sesenta años luz. ¿Pero de qué tienes miedo? Aquí no se combate, aquí, en Angustor, se trabaja, se produce. ¿Qué miras?

 

-No, Martial, yo preguntaba qué pasaría si se rajase la cúpula que encierra la atmósfera de la colonia, Martial, o sea, por lo que veo, el aire no es respirable.

 

            -Imposible, es una aleación especial que resiste hasta el impacto de los más grandes meteoritos. De todas maneras, el aire sí es respirable, lo que sucede es que es un aire muy contaminado por dióxido de carbono. Pero no te preocupes, hace dos revoluciones planetarias, una nave pequeña fuera de control golpeó contra la aleación especial… ni el menor rayón. Lamentablemente, en la explosión, los cuatro tripulantes murieron al instante. Pero ven, si quieres te muestro. Llegamos hasta el final de la cúpula. La compuerta por donde entran y salen las espacio naves son el más grande adelanto de este siglo, funcionan en forma automática permitiendo el paso de los aparatos, no dejan escapar la atmósfera del interior.

 

            -¡Aaaaay! Siento en este momento tantas ganas de romper la rutina…

 

Ella me miró con mezcla de ternura y curiosidad: -¿Qué te gustaría hacer? Dime…

 

-No sé… Manejar una nave, tal vez…

 

-Bueno… Tom, Tom, hacen falta cientos de horas de práctica para volar, no cualquiera se recibe piloto interplanetario, Tom.

 

            -Lo sé. Sólo uno cada mil aprueba el riguroso examen.

 

            Ella se detuvo mirándome asombrada: -¿Cómo sabes eso, Tom?

 

            -Ehhh, me salió de adentro. No me hagas caso, seguro que dije una tontería.

 

            -¡Cálmate, cálmate, la cifra que dijiste es la correcta!

 

            -Ay, habrá sido casualidad.

 

            -No, Tom, fue un reflejo, puede ser un indicio de la pronta recuperación de tu memoria.

 

            -¿Por qué me miras así, Martial?

 

            -Quiero llevarte a un especialista, no a mi doctor de confianza, a un especialista que te haga unos análisis especiales de sangre.

 

            Al día siguiente fuimos y en un computador, en un ordenador tan sofisticado, en pocos minutos estaba el análisis. El doctor Kay le dijo a Martial: -Hay una droga rara aquí, una droga que desconozco. Hay algunos componentes que sí conozco, pero la droga principal no. Pero esa droga puede haberle cambiado el carácter, el trato, la forma de ser.

 

            -¿O sea, que Tom fue inyectado con esa droga?

 

            -No sé si inyectado o la bebió, pero sí.

 

            Pasaron unos días. Y eso que voy a contar me lo contó Martial luego que todo terminó. Ella había entrado al despacho de su doctor de cabecera.

 

-Vi su mensaje y vine doc. ¿A qué se debe la urgencia para verme?

 

            -Martial, presiona el botón y cierra la puerta. Necesitaba hablar contigo, es importante. Por favor, cierra la puerta y toma asiento.

 

            -Sea breve doc, se lo ruego. Ya tendría que estar en los sembrados.

 

            -¿Tom quedó en tu vivienda?

 

            -Sí, durmiendo. ¿Por qué?

 

            -Por nada. Curiosidad quizás.

 

            -Bien. Dígame de que se trata, doc, ahora.

 

            -Anoche dieron las noticias en el video, Martial y hubo una que me llamó mucho la atención a tal punto que llamé por el videófono a la base de la policía espacial, en Gotam para que me confirmara el suceso.

 

            -¿Policía espacial? ¿Qué sucede? ¿Qué tenemos que ver? ¿Qué suceso?

 

            El doctor hizo una pausa y exclamó, mirando fijamente a Martial: -Un psicópata asesino ha escapado de la sección neuro psiquiátrica de la gran prisión del planeta. La policía espacial le ha seguido la pista y averiguó que se infiltró en una nave de carga con destino a Angustor…

 

            -¿Y?

 

            -Se sospecha que se encuentra aquí, en esta colonia.

 

            -Está bien. ¿Y eso que tiene que ver conmigo? ¿Dónde está la relación?, no entiendo. No veo la urgencia para comunicarme el hecho.

 

            -Las características…

 

            -Por favor, doctor, no se trabe…

 

            -Las características del demente son doble o triple personalidad, lo describen como un ser indefenso y temeroso, el cual en un momento dado se transforma y mata salvajemente a toda persona que esté cerca suyo. Se le acusa del homicidio de dos hombres y siete mujeres. Como verás, tiene predilección por tu género sexual, es un sujeto que oculta su violenta personalidad bajo una máscara de cobardía sin dejar asomar al peligroso asesino latente hasta que ya es demasiado tarde para la víctima de turno.

 

            Martial había palidecido.

 

            -Doc… doc… Y usted piensa que Tom es…

 

            -Estoy seguro. El lunático es alto, moreno, musculoso, igual que Tom.

 

            -No, no, no, no; imposible -rechazó ella-. Tom es la persona más tierna que conozco y es incapaz de hacer un acto malo y menos causar daño a nadie.

 

            -Lo siento, Martial, tú no quieres entender, pero yo debo denunciarlo.

 

            -¡No! Tom todavía está en una etapa de readaptación al medio, si lo detienen le causarían mucho daño aunque después lo suelten al comprobar que él no es el loco asesino.

 

            -Martial, -el doctor la tomó de los hombros -tú sabes que yo te aprecio, no quisiera que te ocurriese nada malo.

 

            -Eh, eh… Ay, doc… Descuide, –le dijo soltándose- yo sé defenderme muy bien, no soy una mujer débil. Por el contrario, puedo vencer a la mayoría de los hombres, por eso no me molestan.

 

            -Está bien, tú ganas por ahora, Martial, pero no; no es así como tú piensas, no es así como tú piensas. Tú, más de una vez te has jactado en mirar un rostro y saber cómo es la persona, ¿pero has tratado alguna vez con un esquizofrénico?

 

            -No, no he tratado.

 

            -Yo estaría atento, entonces.

 

            -Listo. Ya está todo dicho. –Le cortó ella. –Me marcho a trabajar, doc.

 

            Él murmuró: -No puedo aceptar que un maldito cretino me robe tu cariño. Tom debe desaparecer de una manera u otra.

 

            Martial tenía un oído finísimo y se dio cuenta de que el doc sentía un enfermizo amor por ella y él podía ser el causante de la desgracia de Tom.

 

Martial llevó a Tom a un lugar especial, a un lugar donde se besaron, a un lugar donde había tres lunas y se acariciaban.

 

Martial lo miraba a Tom y le decía: -Eres el hombre de mi vida, valiente, fornido, el hombre que esperé todo este tiempo.

 

-¡Tom! ¡Tom!

 

En este momento abrí los ojos. –Sí, Martial.

 

–¿Estabas soñando?

 

-Creo que en un momento dado me nombraste. Yo… soñaba que salíamos a galopar…

 

-¡Ah, sí? ¿Te gusta eso?

 

            Y me llevó con ella a galopar en una pequeña pradera al costado de los sembradíos en unos animales muy similares a los equinos terrestres. La figura de Martial montando contrastaba enormemente con las naves comerciales que despegaban del espacio puerto de Gotam. Parecía una amazona de los viejos cuentos enmarcada por un paisaje nada acorde con esas vestiduras. Ella era muy buen jinete, gozaba al montar al equino y siempre rechazaba subir a los modernos tractores. No importaba que tardara el doble para recorrer los sembrados.

La veía galopar y en mi imaginación la visualizaba desnuda sobre el animal, con sus cabellos rojos esparcidos al viento.

 

           

 

            Su voz me volvió a la realidad.

 

-Mira, volvamos, veo que eres buen jinete también y esto habla de que verdaderamente tú eres alguien que sabe hacer las cosas.

 

            -Martial, no te entiendo… uno monta por instinto.

 

            -No, no, no, no, no, no, no, no, no- negó -Yo puedo ver quien lleva un recado, cómo calzas las piernas en el vientre del animal, cómo mueves tu cuerpo, y no tienes nada que envidiarme a mí, que monto desde niña. Te llevaré a la noche a conocer el club social, ¿te parece?

 

            -Martial, te debo tanto… y a veces me da vergüenza, me da pudor el que me tengas tan… consentido.

 

            -¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! Aaay, Dios… Si tú supieras cómo soy yo de verdad, soy una mujer implacable de ojos helados, ningún hombre se me acerca porque lo espanto con la mirada, aquel que quiere propasarse ha probado mis puños, manejo la espada como nadie… nunca me han derrotado. ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! No, no, no, no; no pasa por… verdaderamente te tengo aprecio.

 

            Pero la historia traía sorpresas y esto que había pasado no era nada. Lo peor no había llegado. ¡Lo peor aún no había llegado!